
Caminaba apurado al metro, atrasado como siempre, tratando de eludir las posas de agua y el barro a cada paso con una destreza torpe pero oportuna. Cruzó la calle y alcanzó a esquivar una ola de agua sucia levantada por un automovilista gracioso. Maldijo al imbécil que iba calentito en su auto, mientras él procuraba llegar seco al trabajo. Caminó hacia una escalera que le servía de atajo hacia la estación cuando ahí lo vio: era un paraguas negro, común y corriente, de esos que vendían a luca un poco más allá. El paraguas estaba en el suelo, abierto, como si a alguien se le hubiese ido con el viento y hubiese caído, justo ahí, sólo que en esta ciudad de mierda no hay viento. Bueno, eso se agradece cuando llueve, pensó Julián y sin dar importancia al paraguas siguió su camino hacia el metro maldiciendo de nuevo, esta vez a esas señoras que caminaban tan lento y no lo dejaban pasar. Logró subirse al carro del metro justo antes que se cerraran las puertas y pensó que ni en mil años podría tener la vocación de sardina que necesitaba para estar ahí.
Pensar, pensar, pensar, concentrarse en algo que lo hiciese olvidar que se estaba ahogando. Miraba la publicidad una y otra vez aunque ya se la sabía de memoria, igual estiraba el cuello para tratar de leer aquella frase que le tapaba aquel pelado. Ese típico pelado que está en el cine, en el teatro, en el estadio, y siempre anda tapando a la gente, pensó. Logró ver la ingeniosa frase del cartel publicitario y era la misma del día anterior, y de la semana pasada. Estaba, tratando de pasar esos minutos eternos, cuando se acordó del paraguas abandonado. Tal vez el dueño sufrió un ataque repentino en plena calle y hubo que llevarlo de urgencia al hospital, y ahí quedó el paraguas, abandonado a su suerte, esperando que algún vago lo recogiera. Puede ser que el dueño lo abandonó, que huyó de la lluvia y de la ciudad, de los autos que mojan a la gente y de los carteles publicitarios ingeniosos. Pero ¿a donde habría ido? ¿Cómo lo logró?
Julián también quería ir a ese lugar, lejos y dejar su paraguas abandonado cerca del metro. En su mente cantaba (somewhere over the rainbow) y se sintió el ser más mamón del mundo (qué cresta estaba cantando, parecía niñita) En ese momento quiso salir del metro en forma urgente, bajarse en una estación cualquiera y salir a caminar, caminar sin rumbo bajo la lluvia, ser libre, libre, libre. Su mente divagaba y deseaba que aquel paraguas negro hubiese sido el suyo, deseaba haberlo lanzado lejos, al menos como protesta contra todo aquello en el mundo que no podía cambiar.
Pensar, pensar, pensar, concentrarse en algo que lo hiciese olvidar que se estaba ahogando. Miraba la publicidad una y otra vez aunque ya se la sabía de memoria, igual estiraba el cuello para tratar de leer aquella frase que le tapaba aquel pelado. Ese típico pelado que está en el cine, en el teatro, en el estadio, y siempre anda tapando a la gente, pensó. Logró ver la ingeniosa frase del cartel publicitario y era la misma del día anterior, y de la semana pasada. Estaba, tratando de pasar esos minutos eternos, cuando se acordó del paraguas abandonado. Tal vez el dueño sufrió un ataque repentino en plena calle y hubo que llevarlo de urgencia al hospital, y ahí quedó el paraguas, abandonado a su suerte, esperando que algún vago lo recogiera. Puede ser que el dueño lo abandonó, que huyó de la lluvia y de la ciudad, de los autos que mojan a la gente y de los carteles publicitarios ingeniosos. Pero ¿a donde habría ido? ¿Cómo lo logró?
Julián también quería ir a ese lugar, lejos y dejar su paraguas abandonado cerca del metro. En su mente cantaba (somewhere over the rainbow) y se sintió el ser más mamón del mundo (qué cresta estaba cantando, parecía niñita) En ese momento quiso salir del metro en forma urgente, bajarse en una estación cualquiera y salir a caminar, caminar sin rumbo bajo la lluvia, ser libre, libre, libre. Su mente divagaba y deseaba que aquel paraguas negro hubiese sido el suyo, deseaba haberlo lanzado lejos, al menos como protesta contra todo aquello en el mundo que no podía cambiar.